sábado, 7 de julio de 2018

Amboto

Comencé la ruta en el alto de Urkiola, por una buena pista flanqueada por abedules, luego por un bosque de abetos espectacular. La niebla no dejaba ver muy lejos, pero el bosque ya merecía la pena.

Luego se llega al collado de Asuntza tapizado por praderas y envuelto en la magia de la niebla que le da un ambientazo impresionante.


La niebla decidió ser buena y me dejó ver la cumbre del Amboto mientras continuaba subiendo muy cómodo por la pista.

A la altura de Pegozolai, hay que abandonar la pista y dirigirse hacia el hayedo para empezar a subir de verdad.

Después del hayedo empieza la pelea con las pedreras, mientras en el valle la niebla sigue haciendo de las suyas.

Alcanzo la arista en el collado de Agindui.

Desde aquí a la cumbre ya sólo me separan cien metros, aunque son los más intensos.

La arista hace de freno a la niebla que en la cara norte es muy abundante.

La cumbre está preciosa convertida en balcón para asomarse a las nubes.

 La niebla potencia mucho aquello que te deja ver y te permite soñar todo lo que tapa, dándole a cada momento toda la fuerza que tú seas capaz de imaginar.

En el Amboto hay que captar toda la energía de los aizcolaris.

Las nubes en el cielo habían montado un cañón, me supongo que para disparar sueños… Se respiraba mucha paz.

El primer tramo de descenso hay que afrontarlo con tranquilidad.

Luego es cuestión de trotar con gracia entre los bloques de caliza.

Y atravesar de nuevo la frescura del hayedo.

Para disfrutar un merecido descanso y gandulear un rato con las vacas.

Disfrutando de la brisa y del colorido de las dedaleras.

Luego comencé el descenso con el regustillo de que me había sabido a poco.

En el collado de Asuntza vi un indicador que ponía ermita de Santa Barbara y se me fueron los pies.

Aparecí en el collado de Larrano y la verdad es que no vi la ermita, luego me dijeron que está, pero yo sólo vi una arista que me llamaba.

Como buen Atlético me dije, “punta a punta” y la primera fue la Punta de Larrano.

La vista desde aquí hacia el Amboto es bucólica, con las majadas, los caballos pastando, los sueños cumplidos…

Y la arista se muestra más provocadora.

La única compañía que conseguí fue la de alguna lagartija.

No es complicada, aunque tiene algún paso que hay que tomar precauciones.

En general se camina muy cómodo por toda ella.

Alguna trepadina que no supera el grado II.

Y alcanzo el alto de Gaintza que ya me ofrece una buena vista de lo recorrido.

Se empezaban a formar nubes de tormenta, pero yo sigo a por la próxima.

La punta de Zorrotza, marcada por una tetera, la verdad es que eran las cinco, pero no me gusta el té.

El tiempo se estaba empezando a complicar por momentos.

Ya sólo me quedaba subir el Alluitz que no presentaba grandes dificultades, pero empezaba a tronar.

Por detrás la niebla había bajado mucho.

Así que con mucha pena decidí salir de la arista lo antes posible.

Los buitres también decidieron replegarse.


A  Larrano llegamos a la vez la niebla y yo.

Aún no había parado a comer y decidí seguir bajando.

Por el camino me toco apartarme, los caballos también decidieron bajar, los truenos no les deben de gustar mucho.

Dormí en Urkiola porque me había dejado una espinita en la arista, pero amaneció lloviendo y con niebla. Por Durango parecía que el sol empujaba, pero no tenía tanto tiempo como me haría falta para hacerlo en buenas condiciones, así que el Alluitz queda para otro día. Mejor, así tengo que volver…

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