Sotres a las siete de la mañana amanecía como una postal, como
siempre, pero cantaba el gallo, a lo lejos se escuchaban los cencerros de las
vacas, trinaban infinidad de pájaros y había un mar de flores que en olorosas
olas rompía ante mí.
Esta vez la vieja postal no era un sueño, estábamos aquí.
Después de desayunar bien, como siempre en estas tierras, cogimos
los coches para subir al Jito de Escarandi, donde comenzamos nuestra ruta.
Con la fresca de la mañana cogimos la pista que lleva al Casetón de
Andara, sin prisa, tenemos por delante uno de los días más largos del año.

















