Era muy temprano cuando aparcábamos el coche en el alto de
Belagua, en La Piedra de San Martín. No queríamos perdernos nada, un buen día de montaña empieza al
amanecer para ir amaneciendo juntos.
El sol naciente nos mostraba el Anie velado, pero nosotros
veníamos dispuestos a desvelarle, ya lo habíamos soñado y ahora tocaba disfrutarlo.