Desde muy pequeño jugando a las familias con mis hermanos me
llamaron la atención los tiroleses y con el tiempo fui descubriendo que además
del sombrero con la pluma tenían unas de las montañas más bonitas que puedas
soñar.
Dolomitas es inmenso y para empezar me propuse un reto
pequeño, el Piz Boé es el pico que se ve al fondo a la derecha.
Mi llegada al Passo Pordoi fue espectacular, flipaba a
colores y al atardecer se lió la primera tormenta, las torres de Sassolungo ,
que ya estaban preciosas, se pusieron interesantes, había empezado la película
y de momento parecía de miedo.